Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de mayo de 2007

Ciclo de conferencias y debates sobre Literatura Regional en la UNT


Viernes, 27 abril 2007

Paredes Carbonell, Wellington Castillo y Blasco Bazán serán los expositores

Por Marco Chereque Pretel:

En la Universidad Nacional de Trujillo, el Movimiento IUS, a través del Centro de Investigación Literaria "Blasco Bazán Vera", el Círculo de Estudios y Crítica Literaria "José María Arguedas" y la Secretaría de Cultura del Centro Federado de Educación, a cargo de David Navarrete, se han consolidado en una alianza de tinta para revalorar la literatura regional.
Como inicio en esta titánica tarea se realizará una charla bajo el título: "La Literatura se Escrivive", el viernes 27 de abril, en el Teatrín de Derecho (1er piso), a las 5:30 p.m. (hora extranjera). Los invitados para éste primer evento son: Juan Paredes Carbonell, Wellington Castillo Sánchez y Blasco Bazán Vera, quienes nos hablarán sobre su experiencia como escritores.Esta Alianza tiene sus inicios en el Acuerdo Regional Nº 059-2006-CR/R-LL, del 16 de agosto del 2006, acuerdo que autoriza la fundación de la Primera Biblioteca Regional de Autores de La Libertad, propuesta formulada por el ex-gerente regional de desarrollo social: Blasco Bazán Vera. Asimismo, la Resolución de dicha gerencia Nº 003-2006-GRLL/GRDS, que autoriza a las Instituciones Educativas del Ámbito Regional, la implementación, difusión y enseñanza académica de la Literatura Regional, con carácter obligatorio y diversificado a los diferentes niveles de la Educación Básica Regular de la Región La Libertad. En tal sentido, los estudiantes darán inicio en el ámbito artístico literario a los Ciclos de Conferencia y Debate sobre la Literatura Regional. que no sólo tiene como función revalorar las tradiciones y costumbres propias de la Libertad, sino que además, como confesó David Navarrete, permitirá evaluar la manera de cómo han logrado partir de sus conflictos existenciales para vivificar y perennizar la condición humana.

P.D.: Los Eventos se realizarán a una vez por mes. Esten a atentos a nuestra próxima charla. Se promocionará en www.NoticiasTrujillo.com en la sección "Arte y Cultura" y en esta Web.

FUENTE: Noticias Trujillo
LINK:http://www.noticiastrujillo.com/index.php?option=com_content&task=view&id=19768&Itemid=60

sábado, 28 de abril de 2007

NEPTALÍ RAMÍREZ AMAYA

Escribe:Blasco Bazán
Nació en Paiján, Provincia de Ascope, Región La Libertad, el año 1921. Fueron sus padres don Marcelino Ramírez Guzmán y Jesús Amaya Flores. Sus estudios primarios los inició y los culminó en el glorioso Centro Viejo “Pedro M. Ureña” de Trujilo.

La secundaria la realizó en el Colegio Seminario “San Carlos y San Marcelo” y los universitarios los cursó entre Trujillo y Lima. En Trujillo estudió en la facultad de letras donde sus poemas eran leídos por sus amigos en sendas reuniones sociales y amicales.

En Lima prosiguió sus estudios de Educación en la especialidad de Castellano y Literatura en la Universidad Nacional de San Marcos. Ya recibido como maestro ejerció en el Colegio Salesiano de Lima. Luego es nombrado a ejercer la docencia en la ciudad de Arequipa donde enseñó en el Colegio Centenario “San Luis Gonzaga” de Chuquibamba, capital de Condesuyos donde recreó en diversas actividades literarias a la multitud a través de sus poemas.

Luego a su solicitud se trasladó a Huanuco donde su calidad humana le hizo fundar el Colegio “Huamalíes”. Ese periplo magisterial le hizo recorrer los ríos Marañón y Huallaga y de hecho contactarse con la sabia naturaleza.

Trasladado a Chimbote fue nombrado en la Gran Unidad “San Pedro” de esa ciudad donde, por su capacidad se le pidió ser organizador y luego Director de la prestigiosa Normal “Indoamérica” de Chimbote.

Gran amigo del Dr. Sixto Alarcón Sánchez quien trajo de Chimbote a Trujillo a Neptalí a trabajar en colegio “San Juan” donde se jubiló después de 31 años de servicios.

Ha escrito seis poemarios: “Al borde del crepúsculo”, “Inflorescencia de mi espíritu, “Claridades y sombras”, “Dolor y Optimismo”, “Luz en la penumbra del amanecer”, y “Anhelos y dolor en la lucha”

“Al Borde del Crepúsculo” es un poemario donde Amaya con suave ternura y mucha sutileza, con maestría diremos, nos va atrapando con sus cantos producto de una extrema sensibilidad y belleza tan necesarias en la poesía. Son 60 poemas y cada uno de ellos demuestra la reciedumbre con que han sido elaborados.

“Inflorescencia de mi espíritu” no es sino el fiel reflejo de su existencia, de su transitar por las ciudades, de captar en cada una ellas la sonrisa de un niño o el llanto del desposeído. De protestar contra el castigo abusivo o de sublimarse ante una contrita oración a Dios.

“Claridades y sombras”, es el nombre ambivalente que le ha puesto a este su poemario que no es sino un canto a las certezas y no tantas que damos en el trajinar de la vida. Muchas veces decimos, una son de cal otras de arena; la diferencia estiva en que cada poema que trae este libro es un canto a las muchas alegrías que conquistamos en la vida o las muchas tristezas que a veces nos flagela.

“Dolor y Optimismo”, comentamos que el dolor, dentro de la poesía, no constituye un decadentismo artístico ni menos literario. El poeta asume este nombre para decirnos que éste es el trampolín al éxito, al optimismo. Una vez más nuestro poeta Neptalí Ramírez Amaya hace una jugada de pared entre ambos términos y en refinada expresión artística no arma una polémica sino una sutil diagramación de sus sentimientos.

“Luz en la Penumbra del amanecer”, Neptalí Ramírez Amaya, fiel a su forma de ser y hacer poesía, nos sorprende ahora con un nuevo poemario donde a la realidad natural que rodea su inspiración, le agrega la realidad cósmica, convirtiendo su creación en un bello arte colmado de equilibrio y sensatez pues no está ausente el contenido moralizante ni tampoco la conseja.

“Anhelos y dolor en la lucha”, es un homenaje a las luchas que el hombre emprende con el fin de edificar una sociedad justa y verdadera; donde el hambre y la explotación sean cosas del pasado, aplastados por la indómita fuerza de la moral y la imparcialidad. Con gran certeza fustiga al político acomodaticio, implacable señala que la patria tiene como destino el triunfar y a la bandera peruana la barniza con el sabor de una hostia santa.

¡Cuanta fuerza contiene este poemario! ¡Es un tomo de pureza que azota fieramente las flaquezas humanas!

Neptalí Ramírez Amaya, con sus largos años, sigue dándole a la poesía, allá, en su balneario de Buenos Aires, Trujillo, donde actualmente reside.

domingo, 15 de abril de 2007

PARA CESAR VALLEJO, EN EL ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Escribe: Blasco Bazán Vera, Miembro del Instituto de Estudios Vallejianos

Trujillo-Perú

Cuando Vallejo, la tarde del 23 de junio de 1923, pasajero de tercera, se ausentaba del Perú, ni él, ni nosotros imaginábamos que lo veríamos más.

El pantalón gris y el saco azul que vestía, eran sacudidos por el viento marino, arrugándolos como arrugado y taciturno iba su cuerpo magro, pero desafiante y paladino.

En el Perú quedaban los bellos y también, tristes recuerdos. Trabajó, para sustentarse, bajo la férula del amo de la hacienda Roma. Las aulas de su Centro Viejo, del San Juan y las de la bolivariana Universidad de Trujillo, lloraron aquel día; lo mismo hicieron las paredes de su pensión de la calle Los Huérfanos de Lima donde se desnutría a causa de la mísera alimentación que le daban.

No supieron de su viaje ni Abraham Valdelomar ni Alberto Ureta; menos Alberto Hidalgo y Alberto Guillén ni tampoco el chiclayano Juan José Lora y muchos amigos más. Vallejo partió en silencio sin más compañeros que su soledad y su suerte.

Esa ausencia sería compartida por los diarios y revistas limeñas: “El Comercio”, “La Prensa”, “La Crónica”, “Mundial” y “Variedades” de Clemente Palma a quien Vallejo, su desliz, lo convirtió en triunfo al hacerlo luego, efusivo amigo.

Partió Vallejo llevándose en su retina la imagen de José Santos Chocano y zumbando en sus oídos la contundentes sentencias de Manuel González Prada sin olvidar las señeras palabras de Antenor Orrego quien lo acogió en el “Grupo Norte” y le insufló el hálito de la victoria.

Se fue Vallejo con el corazón hechos pedazos recordando aquella noche en que llegó a Santiago de Chuco. Tocó la puerta de casa, y nadie respondió a su llamado. Su madre había muerto. La familia, dispersa; y, en esa tristeza, escribir que siente “ganas lindas de almorzar, de saborear y beber las aguas de tierra natal”.

Atrás quedaba el bochinche que hasta ahora no termina y que lo enclaustró largos días en la cárcel de Trujillo. Así, como quien nadie es profeta en su tierra, apaleado en los huesos y envilecido su espíritu, el barco “Orita” partió del Callao balanceando sus maderos llevando en él la figura universal de nuestro César Abrahám Vallejo Mendoza quien trataba de enriquecer su voluntad con las palabras de Nietzsche: “Lo que no me mata, me hace fuerte”.

Después de 21 días llegó a Francia quedándose deslumbrado por las cosas bellas que veía; repitiendo afanoso el poema “Las Flores del mal” de Charles Baudelaire. Lo decía en castellano porque de francés no sabía nada. Así, entre eufórico y pasmado se alojó en el Hotel des Ecoles, en el Cartier Latin.

Desde que llegó a Francia, en julio de 1923, supo adaptarse a las circunstancias y como un signado hombre, doblegó con sus versos la ternura de una mujer como la que encontró una media noche y le recitó al oído: “Mer crees amis: quand je mourrai, plantez un soul au cimetier (Queridos amigos: Cuando muera, plantad un ciprés sobre mi tumba). En París acrecentó su amistad con Macedonio de la Torre, Alfonso de Silva, Pablo Abril de Vivero, Mariano H.Cornejo y los hermanos Gonzalo, Ernesto y Carlos More.

Vallejo, como dice Armando Bazán, “tenía la timidez del indio en ciertos casos exhibía también la audacia, el ímpetu del español cuando entreveía la posibilidad de de un éxito, principalmente al tratarse de contrario sexo”, usó este atributo cuando en 1925 conoció a una muchachita llamada Hirondelle (Golondrina, en castellano), de quien queda prendado y convertirse en el hombre más feliz de la tierra., escribiendo luego: “Hallazgo de mi vida: Señores, hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida que hoy, por primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas…”.

Hirondelle, la niña virginal y joven, la de los rubios cabellos. Acompaña a nuestro vate por las mejores plazas, sabrosas heladerías y casas de amigos. Hirondelle es la hembra que Vallejo buscaba y que temía pederla por la diferencia de años. La dulce voz de la niña rubia era un timbre de dulce alarma para las fibras del santiaguino que presto lamía la manita escurridiza de la francesita y lo volvía a la realidad al verla a su lado.

Armando Bazán, sobre un paseo que tuvo Vallejo con Hirondelle ,nos dice: “…Hirondelle tiene sobre su falda color lacre el saco de franela azul oscuro y el sombrero “sarita”, que sigue siendo la debilidad del poeta. A Hirondelle le gusta ver ese rostro, que es la antítesis del suyo, con la cabellera lacia al viento. “Muy bien ¡muy bien señor, rema usted como un deportista…¿Cómo aseguraba que no sabía remar?”. Mientras la transpiración le aflora a la frente, Vallejo no hace más que sonreir ampliamente, separando los carnosos labios y luciendo la refrescante blancura de su dientes fuertes”.

Esta bella niña, contra el pedido de sus padres entregó su amor a Vallejo. Se impuso sobre amargas palabras que quisieron apartarle de aquel. Ni el cambio de domicilio ni menos el confinamiento pudieron apartar de su corazón la presencia categórica del Vallejo de toda su vida. Las cartas juveniles que le escribió fueron el tierno riego hacia aquellas almas nacidas para amarse. Ella, le brindo su categoría social; él, le correspondió con su finísima personalidad y la rodeo de amigos como Juan Larrea, Pablo y Xavier Abril, los hermanos More, Julio Gálvez Orrego, Raúl de Vernuil, René Mossisson de sentida calidad humana.

Hirondelle, deja de llamarse tal para llamarse, a los 18 años de edad en que se casa con Vallejo: La señora Georgette de Vallejo. Sus bellos ojos verdes podían por fin contemplar indefinidamente el rostro cetrino y acerado del hombre que amaba. Viven en pleno centro de París para luego viajar a Moscú donde contemplan la muralla del Kremlin y la catedral de San Basilio. Regresan y vuelven para luego ya no ser aceptado, Vallejo, en Francia, por la vida revolucionaria que llevaba. Vive clandestinamente en París hasta que el gobierno le devolvió la residencia.

Cincela nuevas obras como “Los hermanos Colocho”, escribe “La piedra cansada” y pulimenta “Poemas Humanos” y “España aparta de mi este cáliz”. El 13 de marzo de 1938 dice que se va a “acostarse un momento a descansar”. Al día siguiente permanece en el lecho. Lo visitan los médicos y afirman que le pasará nada, porque “nunca se ha visto morir a un hombre que sólo está cansado”. La fiebre llega a 40º.Ya en la clínica “Villa Arago” donde lo han llevado, hay desconcierto. Así llega 11 de abril en que entra en coma para que el 15 de abril, Jueves Santo, como su poema lo había anunciado, expiró; sin poder escuchar aquello de: “No nos dejes, valor, vuelve a la vida” que le decían sollozantes su dulce Hirondelle o Georgette de Vallejo, Juan Larrea, Gonzalo More, Toto Mould Távara y el escultor chileno Cuto Oyarzum con su esposa.

El Instituto de estudios Vallejianos que preside el escritor, Dr. Adolfo Alva Lescano, ha recordado a Vallejo, en la más altruista dimensión que nuestro vate se merece. Paz en su tumba.

ALGO MAS SOBRE VALLEJO

Escribe: Blasco Bazán Vera




En la búsqueda de datos sobre la Literatura de nuestra Región, La Libertad, voy acumulando algunos que acrecientan la riqueza cultural que deseamos seguir dando a conocer. El presente, es algo más sobre César Vallejo, de quien se seguirá hablando siempre, algunos, repetirán lo ya dicho, otros, recrearán lo ya escrito y otros difundirán temas poco difundidos que al presentarlos tomarán la forma de algo casi inédito como el que paso a tratar.


Se trata de Alejandra Pizarro y su mensaje sobre Vallejo que ella misma escribiera el año de 1922. La citada mujer fue una acuciosa y distinguida dama de aquellos años. Limeña, fina periodista, que realizó una entrevista a Vallejo a propósito de la salida de su segundo libro.


Observamos que la periodista en su travesía común de trabajo no hace sino culminar una búsqueda incesante que hizo sobre Vallejo que al conocerlo y tenerlo frente, dice de él: “Tenía un rostro noble, la boca firma, la nariz grande, los ojos profundos y vulnerables. Su ropa modesta pero limpia, su piel mestiza, su silencio, le daban un aspecto de caballero provinciano… había algo de animal herido en su expresión. Parecía sentir los dolores y las alegrías de su vida con más intensidad que el resto de los mortales”.


En 1922, Vallejo trabajaba como profesor del Colegio Nuestra Señora de Guadalupe, de Lima; y su primer libro “Los Heraldos Negros” también fue saludado con unas líneas que la Pizarro le dedicó en una revista limeña, despertado por el interés que tuvo por entrevistar a Vallejo cosa que lo consiguió y, abundando en recuerdos, describe al poeta como “Un hombre débil, sensible y sin embargo dotado de una irresistible furia creadora, el saco oscuro que llevaba el vate, la corbata, el pañuelo en el bolsillo, la sencilla y conmovedora distinción natural fueron para mi recuerdos inolvidables” y, no contenta de su feliz hallazgo, relata que ya antes le había seguido por varias cuadras para luego perderlo de vista sin borrar de su recuerdo la vez primera que lo vio caminando en dirección contraria por la antigua calle limeña “Las divorciadas”. A la Pizarro le animaba nada más que, como ella lo indica, compartir la vida de Vallejo, así como ésta le había hecho compartir su poesía.


El día de la entrevista, Vallejo, la recibió en la salita de su casa y su sonrisa demostraba lo poco animado que estaba para responder preguntas; pero, en ningún momento abandonó su lúcida atención. Terminada la tarea y guardada la libreta de apuntes, la Pizarro se levantó para disponerse a partir y miró de frente al poeta y le dijo: “quisiera agradecerle, señor; -¿Agradecerme?, preguntó Vallejo; -Es una cosa mía, respondió Alejandra. Siempre leo sus poemas. Me ayudan a apreciar muchas cosas. Quisiera agradecerle por haberlos escrito, y se despidió”.


Así nació una amistad más para Alejandra Pizarro quien volvió a encontrar meses después al poeta cuando éste salía de una librería de la calle Azángaro de Lima. Ambos se juntaron y caminaron rumbo al Colegio Guadalupe donde lo trató con más intimidad conversaron sobre muchos temas y disfrutaron en una confitería que quedaba muy cerca del colegio.


Así, labrada la amistad entre el poeta y la periodista Alejandra Pizarro, ésta fue conociendo algunas cosas más de la vida de Vallejo, de su familia del norte, de los pocos amigos que tenía en Lima, de su entrega a la poesía y no contenta con ello; al saber que el poeta se embarcaba hacia Europa a pesar del crudo invierno de 1923, fue hacia el Callao para contemplar la silueta del santiaguino, escoltada por la de otros dos hombres que habían ido para despedirlo. Sigilosa se acercó hacia él y casi sin conversar estampó un cálido pero trémulo beso en la mejilla de Vallejo.


Pasaron los años. El Perú fue sacudido por múltiples hechos políticos y sociales. Alejandra, supo sólo noticias breves y patéticas de Vallejo como que su pobreza y su hambre eran iguales a las de muchos compatriotas exiliados en aquellos años.


Muerto el vate en 1938, muchos años después, fueron llegando al Perú el resto de poemas. Venían de todo calibre: Apasionados, de amor, de dolor, de esperanzas, de calidad humanas. España y América reconocieron el talento de Vallejo. Aparecieron innumerables ediciones de sus obras, libros de crítica, biografías, homenajes y recitales. Fotografías a cual más, traducción de poemas en diversos idiomas y Vallejo, que había tenido una manera de ser tan callada, se convirtió en el peruano más sonoro y universal de la Literatura.


Alejandra Pizarro, personaje de este escrito, se sabe que años después, viajó a París y se dirigió al cementerio de Montparnasse, otra vez, en busca de Vallejo. Cuando lo encontró, viniéronle los recuerdos, y ya, frente al sepulcro del poeta, pensó que talvez le hubiera gustado saber que sus poemas se habían convertido en patrimonio del Perú y de la cultura general… -“Me hubiera gustado conocerte más”, murmuró sobre la tumba del vate a la vez que dulce y tiernamente soltaba uno a uno los pétalos de una flor sobre la piedra con su nombre a la vez le agradecía, una vez más, los maravillosos versos que escribió para nuestra patria. Suavemente se inclinó para besar las frías piedras que cubrían los huesos del César Abraham y raudamente volvió a la ciudad.


Alejandra Pizarro, ya ha muerto, pero allá, en el cielo, seguirá saboreando el placer de haber sido amiga del poeta César Abraham Vallejo Mendoza, de haberlo leído, sentido y tratado intensamente, es decir, bello privilegio para una bella dama que seguirá admirando, más allá de la muerte, la calidad humana de nuestro vate universal.