martes, 8 de mayo de 2007

ISAAC BIANCHI FERNANDEZ DE MENDOZA

Este escritor, nació en Acope el año de 1870 del matrimonio de Elías Mansueto Bianchi e Isabel Fernádez de Mendoza. Estudió Derecho en la Universidad de San Marcos y años más tarde regentó la cátedra de Dererecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Trujillo. Fue Juez en Iquitos. Su espíritu de investigación le hizo viajar por Europa y América donde entabló amistad con el poeta Rubén Darío a quien le dedicaría años después el poema "Yo conocí a Darío" que fuera muy comentado por el docente Aparicio Castañeda Albites en 1942.

Como escritor usó del seudónimo: “Elías Baidiac y Cano”. Toda su obra la redactó bajo el título general de “CARAVANA DE ELEFANTES” que no viene a ser sino la suma de sus libros “Tu primera cana”, “El Sibarita”, “Semblanza histórica”, “Padre Nuestro”, “La Limosna”, “El Imbécil”, “Stambul”, “Sueños de opio”, “Yo conocí a Darío”, “En el silencio del retiro”, “La junta de los animales”, “Poema de oro”, “Revisión de algunos valores de la época actual”, “La mujer ideal”, “El sermón de la montaña”.

Como podemos observar, Bianchi ha sido prolífico en el campo de las letras. Pero, el pero de siempre... ¿Quién lo conoce? ¡nadie!. He aquí la importancia de rescatar nuestros valores literarios. De estudiarlos y encerrar sus obras en una biblioteca especial porque pasan los años, los siglos diríamos y esos libros quedarán perdidos en el recuerdo sin que nadie opte por reunirlos y darle valioso estudio y cuidado. Sus poemas son para leerlos con detenimiento porque en todos va implícito el aroma filosofal. En "El Imbécil" que según su autor "es un libro que estudia sico-sociológicamente a las tres cuartas partes de la humanidad, saca las conclusiones: a) La síntesis de un tipo social humano no puede hacerse justipreciadamente, aunque se conozca las cuatro quintas partes de la especie. b) Me pregunto: ¿Es la imbecilidad congénita con la naturaleza humana? Y me respondo: Se es, a veces, imbécil, como se está, a veces, enfermo. c) Si los extremos se tocan, ¿no será posible algún día que de la suprema idiotez salga la suprema sabiduría?".

Los libros de Bianchi llevan siempre un tinte filosófico. Aparte de “Junta de animales” donde emplea un estilo picaresco y hasta sarcástico sobre la Reforma Universitaria de este tiempo. Todos los demás siempre están enmarcados en el contemplar de la vida, interrogarse y responderse cuando escribe:
"......
Y lo formó:
de un zorrillo huilón,
de un zorro camastrón,
de un gato piamontés,
de un chancho inglés,
y, aunque parezca obtuso,
de un galgo ruso”
(De: Una Junta de animales)

Notamos, aunque no con la contundencia que el sarcasmo requiere, que en sus demás libros, la ternura y la filosofía van de la mano.

Dedicó sus escritos a sus amigos, a sus hijos, a la meditación. Bianchi escribió de todo y para todos. "En el silencio del retiro” poema escrito en 1955, conformado por cien cuartetos y que viene a ser el tomo VII de su obra general “Caravana de Elefantes" va dedicado al pensar del hombre, renovarse o vivir, concentración del pensamiento, reflejo de las artes, emoción y estética, evidencias, fe, esperanza, experiencia; y, como dice el mismo Bianchi,: "Este libro expresa conceptos simples e deas complejas”.

En 1955 publicó su libro “Padre Nuestro”, libro que con su “Sermón de la montaña” formaban el binomio del Tomo III de su obra general “Caravana de Elefantes”. “El Padre nuestro” fue dedicado a sus hijos a quienes les deja un recado de profunda espiritualidad. En él se interroga sobre Dios, el hombre y su relación con el universo, concluyendo que el hombre se comunica con ambos a través de la oración.

“Tu primera cana” viene a ser el tomo VII de su “Caravana de Elefantes” donde afirma que es un “estudio sociológico de un sentimiento universal, que es base de toda sociedad civilizada; que es la razón de ser de una existencia perfectible, y es, esencialmente, origen y finalidad de toda vida”. Otro libro de su obra general es el titulado “Anecdotario del Coronel Retirado” donde el elemento cómico de los personajes van acorde con la naturaleza de cada animal. Son cuatro fábulas por la que pasa este libro: La primera, se presenta la Junta de Animales y su presentación es desastrosa. Se incluye a los animales y sus descendientes. En la segunda fábula, se presentan nuevamente pero esta vez dando “palos de ciego” tanto los dirigentes como los dirigidos; en la tercera, el peso de la hazaña la soportó la caja de la universidad quien gerenciaba el "zoológico" y en la cuarta fábula los ratones se impusieron en astucia a los gatos pero sólo en pretensiones pues los ratones siguieron siendo tan o menos astutos que los felinos. Los diarios de Trujillo dieron cabida a diversos artículos que remitió el escritor ascopano.

En “Sueños de Opio” (1941) es una estampa de recuerdos de Stambul en que el poema XIX de su obra general “Caravana de Elefantes” nuestro escritor se enfrasca en un sueño diagonal y toma al personaje Garzón como interlocutor sobre quien dirige todo un interrogatorio que comienza solicitándole una “dosis fuera de lo común” para exaltarse lo suficiente y vivir recuerdos ya olvidados. Stambul es la ciudad centro de su elucubración poética a quien la ensalza; también canta al día, al mar, a la atmósfera, al sol, a la luna a quien compara como la sal del verdadero amor. Garzón, personaje de este poema, es el motivo sobre el cual Bianchi descarga preguntas y más preguntas que no puede responder. Es el convidado de piedra pero, a la vez, inteligentemente, Garzón, logra que sea el mismo poeta quien responda y cristalice con elevada fruición sus respuestas convirtiendo a “Sueños de Opio” un poema delicioso de leer. En su otro libro “Yo conocí a Darío” (1942) describe eufóricamente al vate nicaragüense. Claro, tratar a Darío, conocerle, luego describir esa amistad es una tarea titánica en la que se enfrasca Bianchi quien logra darnos en sentidas pinceladas la calidad humana que adornaba al vate. “Yo conocí a Darío” surge de la amistad que ambos entablaron cuando se conocieron en París.

Quien lea la extensa produccción de Isaac Bianchi conocerá de la trascendental calidad literaria con que observó todo lo que le rodeó y cuyo espíritu inquieto le llevó a escribir los tantos libros que salieron de su numen creador. Murió a los 85 años el 20 de mayo de1958 en el balneario Buenos Aires de Víctor Larco – Trujillo

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