martes, 30 de octubre de 2007

Enrique Marquina Cabero

Escribe: Blasco Bazán Vera

Enrique C. Marquina Cabero, nació en Trujillo el año 1860. Llamado el “Poeta Burgués” pues brotó de la más rancia burguesía trujillana para pasar sus últimos años en la ciudad de Lima dentro de la pobreza, la vejez y el abandono. El año 1874 fue distinguido como alumno del colegio San Juan junto a sus condiscípulos Gavino Casiano, Nemecio Salcedo, Máximo Huidobro, Andrés Carranza, Miguel Acosta, Cristian López, Manuel Zurita y Jorge Cuadra, exonerándoseles los derechos de matrícula.

Cultivó la música y sus descendientes también lo hacen tal como el prestigioso músico, compositor y Director de Orquesta Pietro Marquina Cabanillas quien fuera Director del Coro del Ilustre Colegio de Abogados de La Libertad.

Enrique Celinabel Marquina Cabero fue un reflexivo periodista y poeta cuyos versos aparecieron sucesivamente en revistas y diarios del entonces, como en fue periódico literario de Trujillo “La Primavera”.

Su vida la pasó como Secretario del Concejo Prov. De Trujillano al que le sirvió 30 años, empleo en cuyo trato diario, le enseñó a conocer diversas personalidades que fueron formándole un concepto de la vida humana. Fue Primer Presidente del Congreso Regional de Norte, y, en calidad de parlamentario logró aprobar la llamada “Ley Marquina” que tanto benefició a la ciudad de Trujillo donde realzamos la instalación del monumento de la Libertad de la actual plaza de armas.

Fue muy amigo de don Jacinto Valderrama, padre del músico Carlos Valderrama Herrera, quien vivía en la calle Alfonso Ugarte de Moche, casa más tarde habitada por la egregia figura del escritor José Eulogio Garrido Espinoza por la que se le conoce como “Casona Garrido”.

Fue Director, en 1887, del diario “El Independiente” de Trujillo, clausurado en 1895 por motivos de índole político. Otras poesías de él, aparecen impresas en el semanario literario “La Primavera” fundado en 1887 por Celso Santelices Márquez y Raúl Edmundo Haya de Cárdenas.

Marquina visitó con mucha frecuencia y afecto el famoso “Callejón de las Tapias” de Moche que eran tendales o cabañas habitadas por los mocheros. Estas usuales visitas a la que no le faltaba portar su lira que la tocaba maravillosamente, le hizo componer en 1903 su “Romance del Pueblo de Moche” con la música del profesor Artidoro Cruzalegui Lozano, que fue hallado en 1930 en los archivos de la casa parroquial por el cura del lugar José Mallada Gozá y luego difundida por el historiador mochero don Hermógenes Sachún Cedeño. La campiña mochera lo llevo a escribir el poema titulado: LA HORA DEL CREPUSCULO. Que dice: ¡Qué hermosa es la vida agreste!/ ¡Qué tranquilidad! ¡Qué paz/! ¡Qué encantos tan inefables/ Son los del rústico hogar!/ En él, nada de fricciones /En él, nada de falaz /Todo honradez y alegría/ Y noble sinceridad.//El alma allí se dilata/Y si antes no supo amar, /La mujer de la campiña/ Al gran amor la abrirá!

Marquina, encontrándose en la ciudad de Lima, pobre, viejo y abandonado, pulsaba su lira dedicando bellas composiciones a sus amigos que dejó en Trujillo. Entre estas composiciones figura una dedicada a Telmo Zegarra Andrade y otra a la hermana de éste, doña Delia Zegarra Andrade de Demarco que dice así:

¡Cuándo le agradezco/ Los sones de su arpa,/Para lo mismo Delia/ Que no valgo nada!/¡Gracias Señorita!/¡Gracias, gracias!/De los dos, las arpas/A Dios alcanzaremos,/Delia nuestras almas.

Sentida composición que delata el estado anímico de Marquina en sus últimos años, falleciendo en Lima que el 1º de septiembre de 1951.